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La muerte del profesor Enrique Dussel, sucedida el 5 de noviembre nos llegó de sorpresa. Me encontraba en la biblioteca del Banco de la República en Bogotá, realizando mis lecturas matutinas y avanzando en los compromisos de siempre propios de la vida académica y científica en un país donde la vocación de ser investigador no es muy valorada.


Los jóvenes son el segmento sociolaboral más afectado por el desempleo y la precariedad laboral, con impactos diferenciados en relación con sus características sociodemográficas y de capital humano, así como con las particularidades del mercado de trabajo en los distintos sectores socioeconómicos en los que se incorporan laboralmente. El presente artículo parte del supuesto central de que con el actual modelo sociolaboral neoliberal basado en trabajo flexible, precario, inestable e inseguro, y temporal, se ha generado una nueva cultura laboral y, con ella, se han modificado los mecanismos y fuentes tradicionales en torno a los cuales se producen y recrean nuevas identidades laborales, personales y sociales. A partir de dicho supuesto, se analizan los procesos de construcción de las identidades laborales de los jóvenes trabajadores asalariados que enfrentan condiciones de precariedad laboral en México.


No vimos venir nada.

Durante la noche se tomaron medidas para mantenernos encerrados en nuestras casas. Fue una experiencia completamente nueva.

Sólo podíamos disfrutar del aire libre por periodos limitados de tiempo y para garantizar nuestras necesidades básicas. Algunos se apresuraron a sacar la pluma y, en un arrebato de inspiración poética, sugirieron que este impacto planetario representaba una oportunidad histórica para llevar a cabo un gran “reinicio”, donde un “mundo después” emergería, libre de los excesos del pasado, con un futuro brillante en cada esquina. Más pragmáticamente, y en el acto, nos vimos obligados de inmediato a realizar muchas de nuestras actividades cotidianas exclusivamente en línea. El trabajo, la escuela, la universidad, los intercambios habituales... en resumen, una gran parte de lo que llamamos “vida social” fue transpuesta a los pixeles.

Estas circunstancias han tenido tres efectos notables. Primero, una intensificación extrema del uso de nuestros dispositivos conectados. Luego, su extensión a multitud de actividades, algunas de las cuales no se suponía razonablemente posible llevarlas a cabo de esta manera: consultas médicas, juntas directivas, celebración de congresos, ferias, cumbres de jefes de Estado...



©2019 por Didimo Castillo Frenández. 

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