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Con la adopción del neoliberalismo en América Latina a mediados de la década de 1970, no sólo se transformaron las formas tradicionales de organización de la producción y uso de la fuerza de trabajo, con la consecuente desarticulación de la clase trabajadora y el deterioro de las condiciones de vida, con efectos más desfavorables entre los jóvenes; el cambio de modelo también repercutió sobre el ámbito académico, en su concepción y orientaciones ideológicas. Con el nuevo modelo se redefinió el papel del intelectual supuestamente sobre-ideologizado y se fomentó la idea de un profesional ‘puro’, despolitizado, centrado en la comercialización de su labor y producción científica, en detrimento del pensamiento crítico y la constitución de actores sociales comprometidos, capaces de imaginar nuevas formas de organizar la producción y el uso del conocimiento científico y humanístico.




El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2016 planteó muchas interrogantes, aún sin respuestas claras: nos colocó en un escenario de difícil predicción sobre el rumbo que seguirá el país y sobre sus consecuencias para el mundo y, en particular, para América Latina y México. Algunos de esos cuestionamientos se relacionan con la supuesta “crisis” del modelo económico globalizador neoliberal y la posible vuelta a un modelo proteccionista o semiproteccionista, centrado o no en el desarrollo de Estados nacionales y los nacionalismos diversos, con el reimpulso del sector industrial proclamado por Trump, así como el cambio en las relaciones comerciales interestatales, con el mundo, con América Latina y, en particular, con México, con la ya iniciada renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan) y la apertura de nuevos escenarios para la movilidad de fuerza de trabajo latina, mexicana y centroamericana a dicho país.



En América Latina la problemática del desarrollo estuvo demarcada por dos grandes momentos: el primero, entre la Segunda Guerra Mundial y finales de la década de 1970, caracterizado por el predominio del Estado de bienestar y, ligado a éste, la existencia del proyecto de desarrollo social derivado del pacto entre el Estado, la clase capitalista, particularmente la burguesía industrial, y la clase trabajadora; y, el segundo, iniciado con la adopción del modelo neoliberal, la cancelación y desmantelamiento institucional del Estado benefactor, la flexibilización, desregulación y precarización del trabajo. El modelo neoliberal desplazó, por un lado, al sector capitalista industrial en beneficio del capital financiero y afines y, por el otro, desarticuló a la clase trabajadora. De allí que dado el nuevo entorno de probable “desglobalización”, a partir de la crisis del modelo neoliberal, el reimpulso del sector industrial y la vuelta al modelo proteccionista proclamado por Donald Trump en Estados Unidos, y sus consecuencias para América Latina, cabría preguntarse si será posible la vuelta al desarrollo como proyecto social auténtico, alternativo y viable, y si fuera así, ¿cuáles serían los actores sociales que lo promoverían?



©2019 por Didimo Castillo Frenández. 

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